jueves, 8 de noviembre de 2012





Mírame
Simplemente no puedo creer
lo que han hecho conmigo
...
Sólo quiero ser.

"...se hace camino al andar"

                                                   

                                                 Litografía de Roberto Ranz Calvo


No cerró la puerta al salir, uno nunca debe cerrarlas para siempre cuando  se trata de huir. Caminaba a paso lento, como el de quien espera un último reclamo, meditabundo, imaginando los vítores que despertaría en los demás la meritoria y costosa tarea de asumir las decisiones que se escupen bajo el influjo de la rabia. 
Su cuerpo avanzaba automáticamente, repasando el fondo de un camino que pronto se borraría de su memoria, y con él vendrían los rostros. Qué duro es tratar de recordar la forma de sonreír de un ser querido: apretar con fuerza los ojos, fruncir la frente y dirigir todo tu esfuerzo a dibujar una mueca en la que no reparaste tiempo atrás. Qué vacío producen los silencios de la soledad, esos que mordisquean el alma y hielan los sentidos.
!Qué pesadez! -pensó-, no hay carga mayor que la propia sombra. 
Aún con todo no cesó su marcha. De repente, su espejo mental le mostró la imagen de un rey destronado, una bestia de ojos vidriosos y achicados por la pena que arrastraba los pies, perdiéndose entre una cortina de polvo.
Huyendo.


lunes, 5 de noviembre de 2012

Juana Castro: "Hay que dejarse influir"

       

      Mediante la descripción de hasta seis escenarios distintos, la premiada poetisa Juana Castro, natural de Villanueva de Córdoba, inauguró el taller de autor del pasado miércoles 31 de octubre. En ellos, y con ciertos matices autobibliográficos, la escritora retrataba las vivencias de una joven aficionada a la lectura, rodeada por el ambiente tradicional de un cortijo andaluz, que en un acto de rebeldía y consciente de la universalidad del sentimiento que le impulsa, (movimiento que más tarde descubrirá como feminismo), decide abandonar su hogar, dejando atrás marido e hijo.

    La charla, redirigida por su colega argentina Noni Benegas, se mantuvo fiel a dos ideas base que configuran la esencia de su poesía, siendo éstas la lucha por la igualdad de género y por la superación de los momentos dolorosos de su vida, experiencias que la autora compartió con el público. 
Entre su bibliografía destacó obras como Narcisia, de cuya lectura se extrae la imagen de una figura divina con nombre de mujer. Los cuerpos oscuros, compuesto por poemas dedicados a la memoria de sus padres o Arte de cetrería, cuyo poemario establece un vínculo entre dicha práctica y la idea del amor.

     La ponencia se cerró con una ronda de dudas entre las que surgió una realmente interesante: "¿comparte todo lo que escribe? Su respuesta, tan rotunda como rápida devolvía una negativa que incitaba a la reflexión. ¿No es la escritura un medio de evasión y desahogo? Quizá lo sea pero, por alguna extraña razón, muchos y otros tantos sentimos pavor ante la idea de desnudar nuestra mente sin censuras ni filtros ante un mundo tan fiero. Este atrevimiento parece ser el secreto de su éxito, pues éste no se limita al reconocimiento público. A mi entender, la misma culminación de una obra marca su triunfo si en su redacción y, como puntualiza Juana, encontramos la libertad de verter nuestras preocupaciones y alegrías. 

    La carga emocional de sus composiciones, y en particular de su libro Del dolor y las alas, resulta demoledoramente sincera, nacida de la agonía de quien convive con la ausencia de un ser querido y que, de forma asombrosa, consigue abrirse paso entre el dolor para recobrar fuerzas. Me sorprendió la temática de sus versos, construidos armoniosamente en los que se intuía perfeccionismo y musicalidad y que, según confesó, se sirven de la recreación de imágenes fugaces repletas de colores y texturas que atrapan al lector desde el primer verso. Por último, querría destacar la naturalidad con la que recitó cada uno de los poemas, en los que se sumergió para transmitirnos el sentido de sus palabras. 




De La Captura Nocturna De Halcones Por Deslumbramiento de Juana Castro


La muerte es una alondra descubierta en la noche.
Ahora sé que, transida, con su brazo fervoroso de arándanos me acecha.
De mi alcoba, tan lejos maduraba,tan secreta y tan dulce,
 certera de mi olvido,que sólo tras el mar, en otra orilla,
su manto desplegaba de ternura. Fue preciso el camino.
Andar por otras tierras, absorber otra luz, otra lengua, 
sigilosa y terrible su huella por las piedras.
Con mis ojos la he visto.
Estuvimos tan cerca, que el fulgor de su música,
 como nieve bajaba, ciega al mar, por mi cuerpo.
Fue un instante de amor. 
Sólo el tacto luminoso y atroz de la distancia.
Mas vivo, desde entonces,de velada, viviendo por morir.
Por bajar, o ascender, y en el infierno de su efímera mano, 
venturosa, sucumbir finalmente de hermosura o maldad.


lunes, 29 de octubre de 2012

Marta Leonor González


                                    "Nadie aprende en cabeza ajena"




       El pasado 24 de octubre, la asignatura Escritura Creativa recibió en su primer taller de autor a la poeta y periodista Marta Leonor González, natural de Boaco (Nicaragua). La versatilidad de su recorrido laboral abarca las profesiones de editora, narradora y fundadora de diversas agrupaciones literarias, además de un marcado interés por la actividad política. La conferencia se inició con una breve exposición de la influencia que han ejercido los conflictos bélicos sobre la población Nicaragüense y, en consecuencia, sobre su poesía, que conserva de su historia la preocupación y el miedo vivido durante la dictadura de los Somoza y la posterior revolución popular allí acontecida. La autora nos desvela las claves de una escritura de calidad, destacando la necesidad de observar nuestro alrededor, apreciando la belleza de las pequeñas cosas y plasmando con originalidad mediante palabras, las sensaciones que nos producen los estímulos que recibimos diariamente. Todo ello complementado con el hábito de la lectura e incluso la redacción de pequeños diarios personales.

   En la poesía, puntualiza, "encuentra la libertad de expresión de la que carecen otros géneros", permitiéndole trabajar con numerosas realidades, escapando de la autocensura que imponen categorías como las crónicas periodísticas. Este es, según la ponente, el motivo por el cual redirige su carrera hacia la lírica a partir del año 1998, en el que publica su primera colección de poemas, bajo el título Huérfana Embravecida.

    Resulta admirable la fascinación que despiertan los autores que, como Marta Leonor, presentan esa dualidad artística que los sitúa en una posición aventajada entre la cordura y la locura del creador, pero aún sorprende más el hecho de sentirse animado por un artista consagrado a "volverse un poco loco".

     Fue su discurso una invitación a la reflexión, durante el cual la pasión por la poesía ondeaba en el aula, haciendo sonar más contundentes las cuestiones que se planteaba Pablo Neruda en su Libro de las preguntas, descubriéndonos a muchos la magia de jugar con las palabras.
La clase tomó un cáliz surrealista -en el mejor sentido de la palabra- muy inspirador, cuando, con la intención de iniciarnos en la tarea de liberar nuestras mentes, fuimos invitados a levantarnos para abrazarnos entre nosotros.

    De su paso por mi pequeño universo “escritural” me quedo con la fuerza de su atrayente personalidad, con una ilusión renovada por descubrir nuevas voces y con el consejo que a modo de moraleja se escondía en todas y cada una de sus frases: el secreto para contar algo es haber vivido/sufrido/disfrutado de muchas y muy distintas experiencias. Así como me llevo, devuelvo también mi gratitud y la promesa de una nueva lectora.


Con rostro de hoja, piedra y luz
Publicado en "La casa de fuego" 2008.

Al fin de la tarde
la mujer vuelve a la noche
su piel negra es blanquecina
respira algas.
En su mano las flores,
el anillo de zafiro reluce entre escarabajos

Una banda de hormigas secretas
susurran a su oido
-la espera de los ausentes-
arpillan botones
estrellas, 
llevan hilos de su vestido rosa,
-secretos en el sarcófago-

Nos dejaste
albahaca
pan
y ceniza
las hierbas que adornarán tu cabeza.

De aquellos lugares vos conocés el canto
donde grillos enmudecidos
húmedas paras rozan tus labios
como besándote
beso de mi mejilla
atrapado en dolor
dejado fugaz en la tarde.

Araña el suelo
-pálida muerte te espera-
en mi casa un altar de conchas y caracoles
una llama arde en tu nombre.

Desata tiernamente tu pelo
y ondea esa bandera que siempre soñaste
en Managua el cielo es rojo
y se tiñe de negro el lago
los dos colores que preferiste
para tu casa
y grita otra vez
!Puta vida¡

lunes, 22 de octubre de 2012

Escenario



 Aguafuerte de Roberto Ranz Calvo

La panadería inauguraba el frontal de la plaza, siempre abierta, perfumando sus esquinas con olor a leña y mantequilla. María salía de ella como cada miércoles, bolsa de la compra en mano, con intención de, esta vez sí, coger algo en el mercadillo. Se dirigía decidida al puesto de la fruta cuando un inesperado tropiezo le sorprendió a su espalda. !María! perdona chica, es que voy perdida, si tú supieras, la Valeria, la rarita, sí sí esa, que está preñada... qué vergüenza, ¿te imaginas?, con nuestra edad, (mirada corta al expositor) !por dios qué caras van las judías¡, ¿te lo puedes creer?, ¡qué fresca!, ¿que llevas prisa?, pues no te molesto, no olvides contárselo a tu tía, y a ver si me guardáis una hogaza para...
Las últimas palabras morían en la distancia, pues María conocía los detalles de las extensas tertulias que se iniciaban sin quererlo con Fernanda "la curiosa". 
Sin más dilación, cruzó la plazoleta circular a trompicones entre la marabunta de gente, mezcla entre vecinos y gitanos, casi en la misma proporción. El mercadillo quincenal se había convertido en el evento social más destacado del invierno, después del carnaval.
La salida del pueblo la presidía un pequeño puente romano a medio caer al que muchos temían y otros tantos evitaban, optando por rodear la villa desde la orilla opuesta. Lo cruzó rápidamente, y corriendo al galope de una urgencia incomprensible incluso para ella, doblemente extrañada por su creciente impaciencia y por el deseo de gritar que le sacudía el pecho: llegó a la montaña. 
La altura de su pequeño mirador le permitía observarlo todo con más calma, con la tranquilidad de saberse escondida...pero, ¿escondida de quién? -se preguntó-. 
Pronto lo entendió. Allí estaba, bajo los tablones de madera podrida que apenas sostenían el techo de una taina abandonada. ¿Quién construiría esta caseta?, con lo que cuesta subir hasta aquí... Su cabeza se fundía con los hombros, vencidos por el cansancio, y sus manos de porcelana caían sobre la tripa, con un gesto de recogimiento casi maternal...
¿Y ahora qué?

martes, 16 de octubre de 2012

lunes, 15 de octubre de 2012

Personaje



Se llama María, como todas y ninguna al mismo tiempo. Su mirada cristalina está barnizada de un azul endrina, y de ella se desprende el aroma fresco y tierno de la juventud más dulce jamás perseguida.

Muy a su pesar, se ha visto envuelta por el luto en la pulcritud de vestidos negros que, lejos de despertar condolencias, suscitan los deseos más tímidos de los hombres jóvenes y no tan jóvenes del pueblo. Su piel, blanca como las nubes, encierra el secreto de los ignominiosos encuentros de los que se hace protagonista, movida por la pasión que la embriaga, culpa de las lecturas prohibidas que roban su tiempo. En ocasiones y siempre en soledad, su espíritu risueño se ahoga en una marea de miedos e inquietudes que hacen flaquear la solidez de su apariencia. 

Su felicidad se tambalea en invierno, despega con fuerza en primavera y se duerme en verano. Del otoño recibe los paseos matinales y los tonos terrosos del campo, los juegos infantiles con sus hermanos y el sabor de los caramelos de nata que vende en la panadería.

Íntima amiga de la insumisión, María representa el papel de quien se sabe abocada a la infelicidad que genera la obligación de deberse a los demás y sus caprichos, aunque para ello haya de esconder la verdadera fuerza de su interior. Esta es la historia de una mujer forrada de madera carcomida: aparentemente perfecta, pero vacía por dentro, y de sus fatigosos conflictos internos, nacidos del rechazo que le produce la sola idea de imitar una vida extrañamente familiar e impersonal: la de su madre.

Personaje


  • ¿Dónde ha nacido?

Nació en un pequeño pueblo asentado sobre una llanura en tierras castellanas, arropado por pinares y delimitado por el caprichoso curso del Duero, bajo la sombra de un risco. En concreto, María se asomó al mundo un día de tormenta, entre la oscuridad propia de una habitación sin ventanas.

  • ¿Qué tipo de familia ha tenido?

Su familia bien merece el adjetivo “tradicional”. Regentan el único establecimiento de la zona: una minúscula panadería donde se hornean los dulces que abastecen a los pueblos vecinos. Su padre, campesino, sus hermanos, campesinos, su madre: campesina, panadera, pastelera, recadera, educadora, ama de casa…

  • ¿Sus padres le querían?

De su padre ha recibido el cariño proporcional a la división del amor entre siete hermanos. A su madre Dolores le une un vínculo singular, una especie de “ni contigo ni sin ti”. Ambas se saben irreemplazables en el hogar, pero comparten el deseo de desaparecer, de mecerse en los brazos de la soledad perpetua, de escapar del pueblo, de escapar de todos, y posiblemente, ¿quién sabe?, de escapar juntas.

  • ¿Qué calificaciones sacaba en el colegio?

A diferencia de sus seis hermanos menores, nunca le fue ofrecida la posibilidad de asistir a la escuela. Fue su madre quien, con paciencia y entre el trasteo de los calderos, le enseñó a leer y escribir.

  • ¿Qué libros leía de pequeño?

Devoraba los clásicos que robaba de la escuela. Entre el género infantil, las historias de caballeros antiguos y las narraciones bélicas que tanto le aburrían, María buscaba las obras prohibidas que el maestro escondía cada martes, mientras sus hermanos recogían las mochilas al salir del colegio. Se embriagaba de la sensualidad que desprendían los relatos eróticos de Virginia Woolf, dulcificando sus vehementes pensamientos con la lectura de alguna novela de Corín Tellado.

  • ¿Cómo es físicamente?

Es espigada como una ortiga. Tiene el pelo castaño, recogido con pasadores de alambre, disimulando una libidinosa melena larga y ondulada. El negro de sus vestidos acaricia su silueta, marcando las redondeces de su cuerpo recientemente desarrollado. Tiene la piel blanca como las nubes, adornada con una constelación de lunares que trepan por su cuello y se borran en la nuca. En su cara refleja el sol de sus mejillas rosáceas, y sus labios son finos, siempre tersos en una cómoda mueca de complicidad y ternura. Todo ello le confiere una fachada confusa, mezcla entre la estampa de una mujer inocente, obediente y familiar, y la de un animal indomable.

  • ¿Siempre ha sido igual o ha cambiado mucho con los años?

Se trata aún de un alma joven que empieza a conocerse, pero siempre ha tenido una forma peculiar de contemplar la realidad.

  • ¿Cómo son sus ojos?

Tiene una mirada astuta y directa, y sus ojos son azules, como dos endrinas diminutas y  saltonas.

  • ¿Tiene defectos físicos?

Goza de una salud de acero.

  • ¿Tiene traumas psicológicos?

María convive con su yo más destructivo. Distrae sus miedos para evitar que la devoren. La raíz de sus complejos y temores no es otro que la persona: teme al ser humano, su potencialidad, la maldad de su interior, su descontrol y su incapacidad. Le asusta imaginarse campesina, panadera, recadera, educadora,… Le asusta el tiempo y su recorrido, las secuelas que deja a su paso, la muerte, la vida…

  • ¿Qué religión practica?

Practica la falsedad de decirse creyente. Aprovecha los silencios que sólo se dan en los rosarios de misa para recrear los escenarios de sus novelas preferidas, disimulando su evasión postrándose sobre los bancos de la iglesia en una falsa postura de devoción, dirigiendo rezos de mentira.

  • ¿Está casado? Y si es así ¿con quién?

No lo está.

  • ¿Tiene represiones sexuales? ¿Cuáles?

Aparca sus frustraciones saciándose de sexo vacío con mentes huecas que ocupan su tiempo con falsas historias de un amor manido y sucio. Los días que suceden a estos fortuitos encuentros, María ahoga su vergüenza en un barreño, frotándose con rabia la piel y jurándose el fin de su incomodo pasatiempo.

  • ¿Sus viajes son largos o cortos?

Nunca ha salido del pueblo.

  • ¿Cómo va vestido?

Viste un luto apagado que cubre su cuerpo desde el cuello hasta las pantorrillas, guardando la memoria de un abuelo del que apenas conserva un recuerdo: su olor a tabaco rubio. Adorna su oscura figura con una pulsera de bisutería excesivamente brillante, recuerdo de uno de sus absurdos romances de domingo.

  • ¿Qué color es su preferido?

Todos los colores alegres.

  • ¿Qué le gusta comer?

Es muy golosa, le encantan los caramelos.

  • ¿Qué música escucha?

Muchas tardes acude al centro social del pueblo con sus amigas a destapar la gramola, para escuchar los vinilos de Cecilia y Victor Manuel.

  • ¿Baila? ¿Qué?

No le gusta bailar.

  • ¿Es una persona apasionada?

Ante muchos María representa la figura de una mujer sensata a la espera de un marido que la despose y mantenga en el hogar al cuidado de los hijos venideros, pero todo esto es pura apariencia. La realidad dista mucho de esta idea tradicional y cotidiana de la vida. María es pasional en todas sus vertientes. En sus enfados, alegrías y en la intimidad, es como un huracán de vitalidad.

  • ¿Qué busca en la vida?

Busca un ambiente en el que se sienta comoda y libre para ser ella misma, lejos de la presión que ejercen los prejuicios que obnubilan su entorno.

  • ¿A qué persona quiere más?

Siente que la mente de sus hermanos no está contaminada por las preocupaciones adultas, motivo por el cual María disfruta de la compañía de los niños que preservan la esencia de la infancia que tanto anhela.

  • ¿La gente le quiere?

Tiene la facilidad de cautivar a los demás. La sensualidad de su persona es envidiada y admirada por las muchachas de su edad, sugestionadas por el matiz concupiscente de la madurez prematura de María, pero todo el que la conoce siente hacia ella un cariño especial.

  • ¿Huele bien?

 Huele a pan.

  • ¿Hace ejercicio? ¿De qué tipo?

Le entretiene recorrer las entrañas del monte.

  • ¿Es melancólico o risueño?

Disfruta compartiendo su alegría con los demás, sin embargo, prefiere esconder la melancolía para padecerla en soledad.

  • ¿Cuál es su animal preferido?

Las mariposas.

  • ¿Duerme bien?

Duerme poco. La vida nocturna se le antoja más intensa y, por tanto, más provechosa.

  • ¿A qué hora se levanta?

Se levanta diariamente a las seis de la mañana para ayudar a su madre a hornear el pan.

  • ¿En qué trabaja?

Atiende el negocio familiar y, en ocasiones, ayuda a su padre con los trabajos del campo.

  • ¿Cómo se gana la vida?

María no dispone de ahorros. La totalidad de los ingresos registrados procedentes de la panadería son empleados para asegurar la sustentabilidad de la familia.

  • ¿Cómo acabará su vida?

Su vida, lejos de acabar, se verá truncada inesperadamente por la soga de la cordura. Avanzará de puntillas por esta divisoria entre la salud y la locura, en una afanosa búsqueda de la libertad.

domingo, 7 de octubre de 2012

Vueltas y más vueltas

Hoy hemos ido al parque de atracciones, a girar en el tiovivo bajo las miradas incrédulas de los niños que sí cumplían con la estatura recomendada para montar en él. Entre el vaivén de los columpios has lanzado al aire una frase curiosa para alguien que no tiene los pies sobre la tierra: “te quiero tanto que no se cuánto te quiero”.


martes, 2 de octubre de 2012



Retrato-regalo realizado por Laura Socas
Gracias por ponerle color a mis letras

sábado, 29 de septiembre de 2012

Mike Olfield - The bell

Marina la dulce


El ruido de la lluvia le arrancó del sueño. Retiró las cortinas con una mezcla de miedo y curiosidad nocturna, y tras ella, un espeso cielo blanco marfil se mezclaba entre los truenos. Marina, quien siempre detestó el mar, tenía un nombre salado.
Bajó la cama de un salto y se plantó frente a la puerta, descalza y sin más abrigo que la  vieja camisa de algodón que había ganado en un concurso de la radio. La radio, pensó…
Corrió hacia la cocina. Sus manos trastearon entre los cajones de madera que precedían la sala desde la pequeña mesa donde desayunaba cada mañana, sin más compañía que la que ofrecen el eco del motor del frigorífico y el chirrido de una cafetera estropeada. Unos segundos y cinco cajones revueltos más tarde, Marina encontró su viejo transistor.
El tiempo se había comido el color de la carcasa, y la ruleta de la frecuencia había cedido, dejando la varilla en una emisora a medio camino entre la 90.0 y la 95.5. Las pilas desprendían un líquido ocre, óxido, pensó. ¿Cuánto hacía que no la encendía?
Marina se olvidó de la radio, como olvidó todo lo demás. Había olvidado incluso la razón por la que se mantenía erguida, descalza y a oscuras en lo que parecía ser su cocina, así que, con un sabor agridulce volvió a la cama.
La mañana del día siguiente se estrenó con el regalo de tres halos de luz que se derretían desde la ventana, iluminando un antiguo y enorme tocador de madera de roble, oscuro. Del espejo que lo completaba colgaban diminutos papeles de color amarillo que le recordaban los nombres de los objetos que allí se encontraban. Peine, crema, pastilla azul, pintalabios, pastilla roja, María, libreta, pastilla blanca y roja,…
Sus ojos zigzagueaban, reconociendo las cosas, cuyos nombres habían sido tatuados con una desagradable tinta negra sobre aquellos cuadrados de la memoria.
Si hubo algo de lo que nunca llegó a olvidarse, fue de su barra de labios carmín. Antes de lavarse la cara, cada mañana, Marina dedicaba más tiempo a retocarse los labios que a recordar, fundiendo con torpeza el color con una precisión que rozaba el ridículo. Después, se envolvía en perfume, dejando un olor afrutado mezclado con la acidez de su piel descuidada.
Sus ojos azul marino disimulaban el llanto mudo e incansable que le acompañaba a todas partes. A su mente acudía la sombra de una frase… “lo ojos lloran muchas cosas, lloran soledad, desprecios, olvido…”