Aguafuerte de Roberto Ranz Calvo
La
panadería inauguraba el frontal de la plaza, siempre abierta,
perfumando sus esquinas con olor a leña y mantequilla. María salía de
ella como cada miércoles, bolsa de la compra en mano, con intención de,
esta vez sí, coger algo en el mercadillo. Se dirigía decidida al puesto
de la fruta cuando un inesperado tropiezo le sorprendió a su
espalda. !María! perdona chica, es que voy perdida, si tú supieras, la
Valeria, la rarita, sí sí esa, que está preñada... qué vergüenza, ¿te
imaginas?, con nuestra edad, (mirada corta al expositor) !por dios qué
caras van las judías¡, ¿te lo puedes creer?, ¡qué fresca!, ¿que llevas
prisa?, pues no te molesto, no olvides contárselo a tu tía, y a ver si me guardáis una hogaza para...
Las
últimas palabras morían en la distancia, pues María conocía los
detalles de las extensas tertulias que se iniciaban sin quererlo con
Fernanda "la curiosa".
Sin
más dilación, cruzó la plazoleta circular a trompicones entre la
marabunta de gente, mezcla entre vecinos y gitanos, casi en la misma
proporción. El mercadillo quincenal se había convertido en el evento
social más destacado del invierno, después del carnaval.
La
salida del pueblo la presidía un pequeño puente romano a medio caer al
que muchos temían y otros tantos evitaban, optando por rodear la villa
desde la orilla opuesta. Lo cruzó rápidamente, y corriendo al galope de
una urgencia incomprensible incluso para ella, doblemente extrañada por
su creciente impaciencia y por el deseo de gritar que le sacudía el
pecho: llegó a la montaña.
La
altura de su pequeño mirador le permitía observarlo todo con más calma,
con la tranquilidad de saberse escondida...pero, ¿escondida de quién?
-se preguntó-.
Pronto
lo entendió. Allí estaba, bajo los tablones de madera podrida que
apenas sostenían el techo de una taina abandonada. ¿Quién construiría
esta caseta?, con lo que cuesta subir hasta aquí... Su cabeza se fundía
con los hombros, vencidos por el cansancio, y sus manos de porcelana
caían sobre la tripa, con un gesto de recogimiento casi maternal...
¿Y ahora qué?
