miércoles, 17 de octubre de 2012
lunes, 15 de octubre de 2012
Personaje
Se llama María, como todas y ninguna al mismo tiempo. Su mirada cristalina está barnizada de un azul endrina, y de ella se desprende el aroma fresco y tierno de la juventud más dulce jamás perseguida.
Muy a su pesar, se ha visto envuelta por el luto en la pulcritud de vestidos negros que, lejos de despertar condolencias, suscitan los deseos más tímidos de los hombres jóvenes y no tan jóvenes del pueblo. Su piel, blanca como las nubes, encierra el secreto de los ignominiosos encuentros de los que se hace protagonista, movida por la pasión que la embriaga, culpa de las lecturas prohibidas que roban su tiempo. En ocasiones y siempre en soledad, su espíritu risueño se ahoga en una marea de miedos e inquietudes que hacen flaquear la solidez de su apariencia.
Su felicidad se tambalea en invierno, despega con fuerza en primavera y se duerme en verano. Del otoño recibe los paseos matinales y los tonos terrosos del campo, los juegos infantiles con sus hermanos y el sabor de los caramelos de nata que vende en la panadería.
Íntima amiga de la insumisión, María representa el papel de quien se sabe abocada a la infelicidad que genera la obligación de deberse a los demás y sus caprichos, aunque para ello haya de esconder la verdadera fuerza de su interior. Esta es la historia de una mujer forrada de madera carcomida: aparentemente perfecta, pero vacía por dentro, y de sus fatigosos conflictos internos, nacidos del rechazo que le produce la sola idea de imitar una vida extrañamente familiar e impersonal: la de su madre.
Personaje
- ¿Dónde ha nacido?
Nació en un pequeño pueblo asentado sobre una llanura en tierras castellanas, arropado por pinares y delimitado por el caprichoso curso del Duero, bajo la sombra de un risco. En concreto, María se asomó al mundo un día de tormenta, entre la oscuridad propia de una habitación sin ventanas.
- ¿Qué tipo de familia ha tenido?
Su familia bien merece el adjetivo “tradicional”. Regentan el único establecimiento de la zona: una minúscula panadería donde se hornean los dulces que abastecen a los pueblos vecinos. Su padre, campesino, sus hermanos, campesinos, su madre: campesina, panadera, pastelera, recadera, educadora, ama de casa…
- ¿Sus padres le querían?
De su padre ha recibido el cariño proporcional a la división del amor entre siete hermanos. A su madre Dolores le une un vínculo singular, una especie de “ni contigo ni sin ti”. Ambas se saben irreemplazables en el hogar, pero comparten el deseo de desaparecer, de mecerse en los brazos de la soledad perpetua, de escapar del pueblo, de escapar de todos, y posiblemente, ¿quién sabe?, de escapar juntas.
- ¿Qué calificaciones sacaba en el colegio?
A diferencia de sus seis hermanos menores, nunca le fue ofrecida la posibilidad de asistir a la escuela. Fue su madre quien, con paciencia y entre el trasteo de los calderos, le enseñó a leer y escribir.
- ¿Qué libros leía de pequeño?
Devoraba los clásicos que robaba de la escuela. Entre el género infantil, las historias de caballeros antiguos y las narraciones bélicas que tanto le aburrían, María buscaba las obras prohibidas que el maestro escondía cada martes, mientras sus hermanos recogían las mochilas al salir del colegio. Se embriagaba de la sensualidad que desprendían los relatos eróticos de Virginia Woolf, dulcificando sus vehementes pensamientos con la lectura de alguna novela de Corín Tellado.
- ¿Cómo es físicamente?
Es espigada como una ortiga. Tiene el pelo castaño, recogido con pasadores de alambre, disimulando una libidinosa melena larga y ondulada. El negro de sus vestidos acaricia su silueta, marcando las redondeces de su cuerpo recientemente desarrollado. Tiene la piel blanca como las nubes, adornada con una constelación de lunares que trepan por su cuello y se borran en la nuca. En su cara refleja el sol de sus mejillas rosáceas, y sus labios son finos, siempre tersos en una cómoda mueca de complicidad y ternura. Todo ello le confiere una fachada confusa, mezcla entre la estampa de una mujer inocente, obediente y familiar, y la de un animal indomable.
- ¿Siempre ha sido igual o ha cambiado mucho con los años?
Se trata aún de un alma joven que empieza a conocerse, pero siempre ha tenido una forma peculiar de contemplar la realidad.
- ¿Cómo son sus ojos?
Tiene una mirada astuta y directa, y sus ojos son azules, como dos endrinas diminutas y saltonas.
- ¿Tiene defectos físicos?
Goza de una salud de acero.
- ¿Tiene traumas psicológicos?
María convive con su yo más destructivo. Distrae sus miedos para evitar que la devoren. La raíz de sus complejos y temores no es otro que la persona: teme al ser humano, su potencialidad, la maldad de su interior, su descontrol y su incapacidad. Le asusta imaginarse campesina, panadera, recadera, educadora,… Le asusta el tiempo y su recorrido, las secuelas que deja a su paso, la muerte, la vida…
- ¿Qué religión practica?
Practica la falsedad de decirse creyente. Aprovecha los silencios que sólo se dan en los rosarios de misa para recrear los escenarios de sus novelas preferidas, disimulando su evasión postrándose sobre los bancos de la iglesia en una falsa postura de devoción, dirigiendo rezos de mentira.
- ¿Está casado? Y si es así ¿con quién?
No lo está.
- ¿Tiene represiones sexuales? ¿Cuáles?
Aparca sus frustraciones saciándose de sexo vacío con mentes huecas que ocupan su tiempo con falsas historias de un amor manido y sucio. Los días que suceden a estos fortuitos encuentros, María ahoga su vergüenza en un barreño, frotándose con rabia la piel y jurándose el fin de su incomodo pasatiempo.
- ¿Sus viajes son largos o cortos?
Nunca ha salido del pueblo.
- ¿Cómo va vestido?
Viste un luto apagado que cubre su cuerpo desde el cuello hasta las pantorrillas, guardando la memoria de un abuelo del que apenas conserva un recuerdo: su olor a tabaco rubio. Adorna su oscura figura con una pulsera de bisutería excesivamente brillante, recuerdo de uno de sus absurdos romances de domingo.
- ¿Qué color es su preferido?
Todos los colores alegres.
- ¿Qué le gusta comer?
Es muy golosa, le encantan los caramelos.
- ¿Qué música escucha?
Muchas tardes acude al centro social del pueblo con sus amigas a destapar la gramola, para escuchar los vinilos de Cecilia y Victor Manuel.
- ¿Baila? ¿Qué?
No le gusta bailar.
- ¿Es una persona apasionada?
Ante muchos María representa la figura de una mujer sensata a la espera de un marido que la despose y mantenga en el hogar al cuidado de los hijos venideros, pero todo esto es pura apariencia. La realidad dista mucho de esta idea tradicional y cotidiana de la vida. María es pasional en todas sus vertientes. En sus enfados, alegrías y en la intimidad, es como un huracán de vitalidad.
- ¿Qué busca en la vida?
Busca un ambiente en el que se sienta comoda y libre para ser ella misma, lejos de la presión que ejercen los prejuicios que obnubilan su entorno.
- ¿A qué persona quiere más?
Siente que la mente de sus hermanos no está contaminada por las preocupaciones adultas, motivo por el cual María disfruta de la compañía de los niños que preservan la esencia de la infancia que tanto anhela.
- ¿La gente le quiere?
Tiene la facilidad de cautivar a los demás. La sensualidad de su persona es envidiada y admirada por las muchachas de su edad, sugestionadas por el matiz concupiscente de la madurez prematura de María, pero todo el que la conoce siente hacia ella un cariño especial.
- ¿Huele bien?
Huele a pan.
- ¿Hace ejercicio? ¿De qué tipo?
Le entretiene recorrer las entrañas del monte.
- ¿Es melancólico o risueño?
Disfruta compartiendo su alegría con los demás, sin embargo, prefiere esconder la melancolía para padecerla en soledad.
- ¿Cuál es su animal preferido?
Las mariposas.
- ¿Duerme bien?
Duerme poco. La vida nocturna se le antoja más intensa y, por tanto, más provechosa.
- ¿A qué hora se levanta?
Se levanta diariamente a las seis de la mañana para ayudar a su madre a hornear el pan.
- ¿En qué trabaja?
Atiende el negocio familiar y, en ocasiones, ayuda a su padre con los trabajos del campo.
- ¿Cómo se gana la vida?
María no dispone de ahorros. La totalidad de los ingresos registrados procedentes de la panadería son empleados para asegurar la sustentabilidad de la familia.
- ¿Cómo acabará su vida?
Su vida, lejos de acabar, se verá truncada inesperadamente por la soga de la cordura. Avanzará de puntillas por esta divisoria entre la salud y la locura, en una afanosa búsqueda de la libertad.
domingo, 7 de octubre de 2012
Vueltas y más vueltas
sábado, 29 de septiembre de 2012
Marina la dulce
El ruido de la lluvia le arrancó del sueño. Retiró las cortinas con una mezcla de miedo y curiosidad nocturna, y tras ella, un espeso cielo blanco marfil se mezclaba entre los truenos. Marina, quien siempre detestó el mar, tenía un nombre salado.
Bajó la cama de un salto y se plantó frente a la puerta, descalza y sin más abrigo que la vieja camisa de algodón que había ganado en un concurso de la radio. La radio, pensó…
Corrió hacia la cocina. Sus manos trastearon entre los cajones de madera que precedían la sala desde la pequeña mesa donde desayunaba cada mañana, sin más compañía que la que ofrecen el eco del motor del frigorífico y el chirrido de una cafetera estropeada. Unos segundos y cinco cajones revueltos más tarde, Marina encontró su viejo transistor.
El tiempo se había comido el color de la carcasa, y la ruleta de la frecuencia había cedido, dejando la varilla en una emisora a medio camino entre la 90.0 y la 95.5. Las pilas desprendían un líquido ocre, óxido, pensó. ¿Cuánto hacía que no la encendía?
Marina se olvidó de la radio, como olvidó todo lo demás. Había olvidado incluso la razón por la que se mantenía erguida, descalza y a oscuras en lo que parecía ser su cocina, así que, con un sabor agridulce volvió a la cama.
La mañana del día siguiente se estrenó con el regalo de tres halos de luz que se derretían desde la ventana, iluminando un antiguo y enorme tocador de madera de roble, oscuro. Del espejo que lo completaba colgaban diminutos papeles de color amarillo que le recordaban los nombres de los objetos que allí se encontraban. Peine, crema, pastilla azul, pintalabios, pastilla roja, María, libreta, pastilla blanca y roja,…
Sus ojos zigzagueaban, reconociendo las cosas, cuyos nombres habían sido tatuados con una desagradable tinta negra sobre aquellos cuadrados de la memoria.
Si hubo algo de lo que nunca llegó a olvidarse, fue de su barra de labios carmín. Antes de lavarse la cara, cada mañana, Marina dedicaba más tiempo a retocarse los labios que a recordar, fundiendo con torpeza el color con una precisión que rozaba el ridículo. Después, se envolvía en perfume, dejando un olor afrutado mezclado con la acidez de su piel descuidada.
Sus ojos azul marino disimulaban el llanto mudo e incansable que le acompañaba a todas partes. A su mente acudía la sombra de una frase… “lo ojos lloran muchas cosas, lloran soledad, desprecios, olvido…”
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
